Docentes Emocionalmente Inteligentes

¿Eres docente? ¿Y docente emocionalmente inteligente? En esta nueva entrada al blog daremos una serie de ejemplos para reflexionar sobre las competencias emocionales en el aula. 

El primer paso sería realizar un examen interior y valorar qué competencias emocionales tenemos para aportar al aula: conciencia emocional, capacidad de autogestión, nivel de automotivación, autonomía personal, empatía y capacidad para relacionarse con otras personas, por ejemplo. 

Las competencias arriba indicadas son claves para nuestro día a día y cómo no, para sacar el mejor profesor que llevamos dentro.

A continuación, daremos algunas claves para saber si eres profesores emocionalmente inteligentes.

Claves para saber si eres un docente emocionalmente inteligente.

Cuando un profesor entra en el aula no solo enseña conocimientos a sus alumnos también comparte todo un mundo de emociones. Por eso el docente ha de tomar conciencia de su propia competencia emocional para saber gestionar el comportamiento y la relación con sus alumnos y abordar de manera más eficaz las decisiones tomadas en la clase.

1. Uso de vocabulario emocional.

El vocabulario emocional nos permite expresar con palabras todo aquello que nos pasa tanto a ti como al otro, ayudándote a tomar conciencia de ti mismo y poder conocer mejor a los demás.

No es lo mismo estar bien que alegre, feliz, contento, gozoso, orgulloso, motivado o entusiasmado. La alfabetización emocional es esencial para poder identificar no solo las emociones sino todo lo que ocurre a su alrededor. 

 2. Interés hacia los demás

Todo profesor debe mostrar interés por sus alumnos, por lo que es muy importante realizar una escucha activa y empática hacia ellos para ser capaz de ponerse en su lugar. En el aula muchas veces nos preocupamos más de las fichas o el temario que de los propios alumnos. Esto, sin duda, agranda la distancia que nos separa e interfiere en las relaciones personales. Lo importante es poner el foco en el estudiante. 

3.     ¿Cambios? Acéptalos.

Para ser emocionalmente inteligente hace falta plasticidad, flexibilidad ya que todo cambio supone una reacción dentro de nosotros mismos que nos pone muchas veces a prueba llegando a sentir una extraña sensación llamada miedo en algunas ocasiones. Vivir ese miedo no es malo, al contrario, nos ayuda a tomar consciencia del ser que vamos a dejar atrás y al que nos dirigimos. Sin embargo, no nos ayuda cuando ese miedo es superior a nuestros deseos y nos impide llevar a cabo acciones que nos pueden aportar un gran valor personal, profesional o académico. 

La competencia de la autoestima personal está muy ligada al enfrentarnos a nuestra aceptación de los cambios y a cómo los afrontamos.

4.     Virtudes. Defectos. ¿Los conoces?

Si quieres llegar a ser un docente emocionalmente inteligente tienes que saber en lo que verdaderamente eres bueno y en lo que necesitas sencillamente mejorar.

Como docente es primordial conocer tus fortalezas y tus flaquezas dentro del aula. Saberlo te ayudará a utilizar tus virtudes y a buscar mejoras en aquellas partes donde crees puedes mejorar. Para poder llevar a cabo esta introspección es esencial desarrollar el autoconocimiento y ayudar a nuestros alumnos, a su vez, a que lo desarrollen.  

5. Inmunidad frente a las ofensas.

Es difícil ofender con facilidad a los docentes que son emocionalmente inteligentes. ¿La causa? La gran autoestima y seguridad que presentan de ellos mismos. Muchas veces no podemos evitar las ofensas o los ataques de otras personas pero lo que sí está en nuestras manos es gestionarlos de manera que nos afecten lo menos posible. La inteligencia emocional nos puede servir de escudo protector. 

6. Decir NO.

No siempre es sencillo decir NO a los demás y mucho menos a uno mismo. Saber decir no, es una parte necesaria de una correcta autonomía emocional que nos demuestra la capacidad de autogestión que podemos llegar a tener. La asertividad juega un papel esencial en esos momentos donde la tentación es complacer a la otra persona, cumplir con lo que consideramos obligatorio o no defraudar a nadie. Decir que no a algo o alguien es decir que sí a nosotros mismos. 

 

7. Errores. Mientras más distancia mejor.

Cuando realizamos cualquier acto siempre hay un error asociado a lo que hacemos. Errar no es lo mismo que fracasar. Ser un docente emocionalmente inteligente implica ser capaz de diferenciar el error del fracaso. Por eso, los docentes emocionalmente inteligentes ven los errores como simples procesos de mejoras en el aprendizaje. Desde este punto de vista siempre habrá posibilidad de mejora. Esta visión del error es importante compartirla con los alumnos en el aula y que así sean capaces de ver los errores como oportunidades de aprendizaje. 

8. La perfección no existe. Pero sí la excelencia.

Muchas veces nos obcecamos por buscar la perfección en todo aquello que realizamos y dejamos a un lado la búsqueda de la excelencia en lo que hacemos, somos, enseñamos y transmitimos. La perfección no existe y suele llevarnos a la frustración. La excelencia, por el contrario, es el camino de la mejora continua.  

9. Aprecia lo que se tiene.

Una persona emocionalmente inteligente es consciente de lo que alberga en su interior. Que una persona valore lo que tiene no es sinónimo de que sea una persona conformista. Valorar lo que uno tiene convierte a la persona en una persona feliz ayudándole a reducir su nivel de estrés.

10. Separa pensamientos de hechos.

Una de las claves de una correcta inteligencia emocional es saber separar los pensamientos de los hechos. Realizar esta separación nos ayuda a tener una mejor perspectiva de todo lo que nos rodea, y ser capaces de percibir aquellas emociones que nos hacen sentir mal y pueden ser tóxicas que nos acechan en el día a día y combatirlas para que no nos terminen afectando.

11. Generadores de felicidad.

La persona emocionalmente inteligente es capaz de generar y dar felicidad a los que le rodean. Ser feliz no es un estado. Es un deber. La felicidad en muchas ocasiones se reduce a no permitir que ni tú ni otros invadan con emociones tóxicas el día a día. Utiliza la inteligencia emocional como fortaleza antes estas emociones.

¿Eres un docente emocionalmente inteligente?

Para llegar a ser un docente emocionalmente inteligente es importantísimo el dominio de las competencias emocionales que se han citado con anterioridad: conciencia emocional, capacidad de autogestión, nivel de automotivación, autonomía personal, empatía y capacidad para relacionarse con otras personas.

El crecimiento personal pasa por conocerse a uno mismo y conocer a los que nos rodean. Ese conocimiento tanto dentro como fuera del aula nos ayuda a ser felices y hacer felices a nuestro entorno.

Ahora toca reflexionar sobre qué competencias estamos aplicando tanto en nuestras aulas como en nuestro día a día y qué podemos hacer para alcanzar esa excelencia que nos gustaría alcanzar.

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